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miércoles, 5 de febrero de 2014

VIVALDI ME ENSEÑÓ A VIVIR.


    Subido de Youtube por HarpichordA6. (A. Vivaldi "La Stravaganza" 12 Conciertos
       Violín, op. 4)

  Es una mañana grisácea y nebulosa de Enero. Hace frío y el sol se ha fugado. Mientras leo el correo y me organizo el día, escucho La Tempestad en el Mar, uno de los conciertos de Vivaldi, aquél que para ´muchos "sordos" de espíritu, compone siempre todo igual.
  Los días así, en los que el color desaparece, yo lo busco en la música. A veces pienso, qué sería del Mundo sin la Música. Yo no sabría vivir sin ella; al menos es lo que pienso, que a todo se acostumbra el ser vivo según dicen.
                                                                                                          
   Me gusta Vivaldi, porque es honesto con su música. Es una música joven siempre, impetuosa, brillante y llena de pasión. Lo demás sobra. Porque ¿Qué sería de nuestras vidas si llegado el momento necesario, careciésemos de impulso? 

  Todos los seres vivos tenemos, en mayor o menor medida impulsos que nos hacen ir hacia adelante. A veces nos queda la sensación de haber errado el camino. En otras ocasiones nos sentimos satisfechos con la decisión tomada. Pero siempre hay un impulso que nos hace avanzar.....para no ir a la deriva abandonándonos en brazos del destino fácilmente.
  
   Antonio Lucio Vivaldi era un hombre demasiado pasional e impulsivo, cosa que le costó muchos disgustos en su vida, pero como buen veneciano, era terco y nunca cambió su carácter.
   Como muchos creadores antiguos, era sacerdote no sé si por vocación o por supervivencia, porque su estilo de vida era muy particular. Un día, durante la misa que estaba ofreciendo, en la comunión, le vino a la cabeza un tema maravilloso brillante y rítmico, que no podía dejar escapar en brazos del olvido y sin pensárselo siquiera, dejó colgado al personal y se fue rápidamente a la sacristía a escribirlo. Claro, el público comenzó a protestar y se armó buena. A la semana siguiente desde la obispalía le cayó encima un severo castigo que hoy desconocemos.
  
   Vivaldi era un "vividor" porque devoraba la vida cada día. También era pelirrojo, lo que le hacía sentirse chulescamente diferente de los demás mortales, ya que antiguamente la gente era muy supersticiosa.

    Y es que tradicionalmente, ser distinto del resto de la comunidad ha sido como tener un cuchillo de dos filos: Por un lado, genera desconfianza hacia lo novedoso, porque al no haber sido clasificado por la raquítica moralidad humana, se suele encasillar como una posible amenaza del sistema  de su entorno. Y por otro lado, ser diferente es una especie de sueño inalcanzable para la masa humana, lo que provoca una mezcla de admiración y envidia por no ser.
   
    Estos días grises de Enero sin sol, de constipados y de sueño, son ideales para escuchar  a Vivaldi, por eso, porque Vivaldi representa la juventud impetuosa del espíritu que te invita a la acción.
    Pasado como se pueda éste feo umbral del año, las personas viajeras comenzamos a salir del letargo en que la enfermedad o el frío nos ha dejado postrados en cuarentena.
   Es entonces cuando la conciencia te espolea a caballo sobre la acción hacia la vida, hacia la muerte en ése viaje sin retorno que es la propia existencia.



    
   Ayer al atardecer, me cuentan que salió el sol; se asomó perezoso a ver el mundo antes de volver a acostarse. Debía estar precioso, entre dorado y blanquecino, como muchos atardeceres invernales por aquí. En la ciudad no existen los atardeceres. Los sustituye el intercambio de luz del día por el de las farolas y las calles.
    Por eso te recomiendo a Vivaldi, para paliar la oscuridad invernal, o la de la triste ciudad, o la del alma cuando está más apagada.
    Claro, que si no eres una persona impulsiva, Vivaldi no te va a poder ayudar. Simplemente te va a resultar que compone siempre igual. En ése caso lamento que hayas perdido el tiempo leyendo ésta entrada.
    Soñar es algo que sólo practican aquéllos que son diferentes: los que comprenden que más allá de la materia, nada es útil para nada.
  





                                    

viernes, 1 de marzo de 2013

MIMO DE JUGUETE. (SÓLO PARA GENTE ESPECIAL).


                                                     Mimo atento a su papá.          

      Mimo es mi pasión. Es un perrito que se ha salido de un cuento. Yo creo que ni siquiera es un perrito. Es sensible y le encanta Asturias, como a su padre. Es tan delicado como mimoso y jamás, por nada del mundo me mordería, porque desconoce la agresividad.

      Cuando lo adopté, algunas  extrañas personas me decían que al tener un perrito así un tío de uno ochenta, daba la impresión de que yo era gay. No tengo nada contra los gay  ( en castellano se llaman homosexuales y, los que se jactan de serlo, se siguen llamando así) tengo amigos que lo son, pero el caso es que yo no lo soy y menos por tener a Mimo.  Como el Mundo es grande, hay mucha gente tonta por el mundo.

      De pequeñito lo tenía arropadito junto a mi pecho, bajo el gersey, porque es muy friolero. Ahora ya, Mimo se ha hecho un hombre de casi dos añitos, que según las estadísticas perrunas, equivale a la edad de un chaval de quince. Y así está, travieso, pero todo lo travieso que puede ser un monigote de poco más de un kilo. Pero siempre, después de trastear un poquito, a su medida, se duerme enseguida, hecho un rosco en su camita y ya no hay perro.

      A Mimo y a mí, nos ha adoptado un hada guapísima, que tiene un perro bastante gruñón aunque es buen hombre. Se llama Simba y, pese a ser los dos machos, se llevan como hermanos. Mimo aprende de su hermano mayor, un bonito caniche color crema, todas las normas básicas de convivencia en casa, donde vivimos todos.

      Como tenemos la casa del campo y la del pueblo, cuando hace bueno, Mimo y Simba pasean con nosotros y después de una larga caminata, se tumban a dormir juntitos cerca de la lumbre.

                                          Simba y Mimo descansando después de jugar.


      Son unos niños muy felices, porque se han encontrado en un momento maravilloso en la vida de sus padres y comparten ése estado tan especial con ellos.

      Hace ya bastantes años tuve un hijito parecido a Mimo. Me quería con locura; yo le adoraba. Era prácticamente, mi único hilito conductor hacia la felicidad, durante unos años en que mi vida carecía de alegrías. Sólo él era capaz de dármelas. Cada vez que llegaba de trabajar, que era lo único que hacía en mi vida por entonces, me recibía con una alegría contagiosa tan grande, que yo no veía el momento de llegar a casa. Desde que me lo quitaron no ha dejado nunca de permanecer en mi corazón.

                                                     Con mi desaparecido Momo.

      Dicen que los hijos aunque desaparezcan nunca se olvidan y ninguno suple el lugar del hijo perdido. Yo lo corroboro. Para mí siempre será mi niño querido.

      A veces, contemplando a Mimo pienso en su encantadora inocencia, fruto de la benigna ignorancia de la dureza exterior y, me pregunto si mi querido Momo será feliz y procuro engañarme pensando que sí, aunque ya no juegue en el jardín de su casa con los gatitos, ni se chulee delante de mi mastina Berta y de mis dos galgas, Tyche y Chiqui. Seguramente estará en una ciudad, lo que él más odiaba, en caso de que no me lo hayan dejado morir. Me pregunto entonces si estará sano, como cuando era plenamente feliz conmigo en su casa, en el campo, con sus paseos y mis constantes atenciones y mimos. Y me intento engañar, pensando que los perritos se adaptan, para sobrevivir, a casi cualquier tipo de situaciones. Pero eso, a sobrevivir, no a ser el perrito más feliz del Mundo, como antes.

      Pero, por suerte o por desgracia, aunque Momo sigue en mi corazón y seguirá siempre, mi presente  lo comparto  feliz con Mimo, que llena una parte muy importante de mi ilusión. No es porque sea un perrito muy pequeñito, ni muy mono, sino porque él sólo se lo ha ido ganando, lo que siento por ésta criaturita, casi de juguete, es inexplicable.

                                           Mimo de juguete.

      Hoy quería hablar sobre Mimo, porque para mí es, se entienda o no, algo muy importante. Al fín y al cabo es un miembro muy importante de mi familia.


                                            Mimo tocando a cuatro manos con papá.

      Se me había olvidado que a Mimo le encantan las sonatas de Mozart y las Suites de Bach. Además reconoce las diferentes notas del piano y toca con una extrema suavidad. ¿Qué necios "científicos" decían que los animales no tienen inteligencia? A lo mejor lo que pasa es que Mimo no es tan animal como ésos.

                                           Mimo de excursión, con sus papás.

      Apreciada persona, tú que me estás leyendo ahora mismo: Si después de haber seguido mi relato sobre uno de mis grandes amores, has decidido seguirme aún, es porque no eres como las demás personas. ¡Enhorabuena, primero por ser diferente y después por haber conseguido llegar hasta aquí!

      No podía continuar mi blog sin citar al segundo ser que me produce una inmensa alegría diaria, después de mi Musa. Juntos los tres, recorremos parte del camino, de un camino extenso, sembrado de variopintos paisajes. ¡Hasta pronto!
     
     
                                            

     

miércoles, 27 de febrero de 2013

LUCES TAMIZADAS

…Tras el ventanal, la aurora,
 caleidoscopio de sombras infinitas,
 ebrios contornos de luz sin figura,
 virginal silencio de la opaca bruma.
 Y aquél lejano paisaje, tan distante hoy
 vencido en el recuerdo y escondido.
 ¿Dónde duermen los callados
 pensamientos del ayer?
 ¿Dónde callan los lejanos sueños?
 Aguardo en mi silencio, imaginando…
 … Del ayer nada me llevo.
 Tras el ventanal, la aurora
 y entre la bruma, el recuerdo.
 Tierra bajo pié
 de barro soñado,
 sueño imaginado es mi presente.
 Y por llegar…
 ¡Basta corazón!

 Que imaginar es locura...