Subido de Youtube por HarpichordA6. (A. Vivaldi "La Stravaganza" 12 Conciertos
Violín, op. 4)
Es una mañana grisácea y nebulosa de Enero. Hace frío y el sol se ha fugado. Mientras leo el correo y me organizo el día, escucho La Tempestad en el Mar, uno de los conciertos de Vivaldi, aquél que para ´muchos "sordos" de espíritu, compone siempre todo igual.
Los días así, en los que el color desaparece, yo lo busco en la música. A veces pienso, qué sería del Mundo sin la Música. Yo no sabría vivir sin ella; al menos es lo que pienso, que a todo se acostumbra el ser vivo según dicen.
Me gusta Vivaldi, porque es honesto con su música. Es una música joven siempre, impetuosa, brillante y llena de pasión. Lo demás sobra. Porque ¿Qué sería de nuestras vidas si llegado el momento necesario, careciésemos de impulso?
Todos los seres vivos tenemos, en mayor o menor medida impulsos que nos hacen ir hacia adelante. A veces nos queda la sensación de haber errado el camino. En otras ocasiones nos sentimos satisfechos con la decisión tomada. Pero siempre hay un impulso que nos hace avanzar.....para no ir a la deriva abandonándonos en brazos del destino fácilmente.
Antonio Lucio Vivaldi era un hombre demasiado pasional e impulsivo, cosa que le costó muchos disgustos en su vida, pero como buen veneciano, era terco y nunca cambió su carácter.
Como muchos creadores antiguos, era sacerdote no sé si por vocación o por supervivencia, porque su estilo de vida era muy particular. Un día, durante la misa que estaba ofreciendo, en la comunión, le vino a la cabeza un tema maravilloso brillante y rítmico, que no podía dejar escapar en brazos del olvido y sin pensárselo siquiera, dejó colgado al personal y se fue rápidamente a la sacristía a escribirlo. Claro, el público comenzó a protestar y se armó buena. A la semana siguiente desde la obispalía le cayó encima un severo castigo que hoy desconocemos.
Vivaldi era un "vividor" porque devoraba la vida cada día. También era pelirrojo, lo que le hacía sentirse chulescamente diferente de los demás mortales, ya que antiguamente la gente era muy supersticiosa.
Y es que tradicionalmente, ser distinto del resto de la comunidad ha sido como tener un cuchillo de dos filos: Por un lado, genera desconfianza hacia lo novedoso, porque al no haber sido clasificado por la raquítica moralidad humana, se suele encasillar como una posible amenaza del sistema de su entorno. Y por otro lado, ser diferente es una especie de sueño inalcanzable para la masa humana, lo que provoca una mezcla de admiración y envidia por no ser.
Estos días grises de Enero sin sol, de constipados y de sueño, son ideales para escuchar a Vivaldi, por eso, porque Vivaldi representa la juventud impetuosa del espíritu que te invita a la acción.
Pasado como se pueda éste feo umbral del año, las personas viajeras comenzamos a salir del letargo en que la enfermedad o el frío nos ha dejado postrados en cuarentena.
Es entonces cuando la conciencia te espolea a caballo sobre la acción hacia la vida, hacia la muerte en ése viaje sin retorno que es la propia existencia.
Ayer al atardecer, me cuentan que salió el sol; se asomó perezoso a ver el mundo antes de volver a acostarse. Debía estar precioso, entre dorado y blanquecino, como muchos atardeceres invernales por aquí. En la ciudad no existen los atardeceres. Los sustituye el intercambio de luz del día por el de las farolas y las calles.
Por eso te recomiendo a Vivaldi, para paliar la oscuridad invernal, o la de la triste ciudad, o la del alma cuando está más apagada.
Claro, que si no eres una persona impulsiva, Vivaldi no te va a poder ayudar. Simplemente te va a resultar que compone siempre igual. En ése caso lamento que hayas perdido el tiempo leyendo ésta entrada.
Soñar es algo que sólo practican aquéllos que son diferentes: los que comprenden que más allá de la materia, nada es útil para nada.



