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viernes, 1 de marzo de 2013

MIMO DE JUGUETE. (SÓLO PARA GENTE ESPECIAL).


                                                     Mimo atento a su papá.          

      Mimo es mi pasión. Es un perrito que se ha salido de un cuento. Yo creo que ni siquiera es un perrito. Es sensible y le encanta Asturias, como a su padre. Es tan delicado como mimoso y jamás, por nada del mundo me mordería, porque desconoce la agresividad.

      Cuando lo adopté, algunas  extrañas personas me decían que al tener un perrito así un tío de uno ochenta, daba la impresión de que yo era gay. No tengo nada contra los gay  ( en castellano se llaman homosexuales y, los que se jactan de serlo, se siguen llamando así) tengo amigos que lo son, pero el caso es que yo no lo soy y menos por tener a Mimo.  Como el Mundo es grande, hay mucha gente tonta por el mundo.

      De pequeñito lo tenía arropadito junto a mi pecho, bajo el gersey, porque es muy friolero. Ahora ya, Mimo se ha hecho un hombre de casi dos añitos, que según las estadísticas perrunas, equivale a la edad de un chaval de quince. Y así está, travieso, pero todo lo travieso que puede ser un monigote de poco más de un kilo. Pero siempre, después de trastear un poquito, a su medida, se duerme enseguida, hecho un rosco en su camita y ya no hay perro.

      A Mimo y a mí, nos ha adoptado un hada guapísima, que tiene un perro bastante gruñón aunque es buen hombre. Se llama Simba y, pese a ser los dos machos, se llevan como hermanos. Mimo aprende de su hermano mayor, un bonito caniche color crema, todas las normas básicas de convivencia en casa, donde vivimos todos.

      Como tenemos la casa del campo y la del pueblo, cuando hace bueno, Mimo y Simba pasean con nosotros y después de una larga caminata, se tumban a dormir juntitos cerca de la lumbre.

                                          Simba y Mimo descansando después de jugar.


      Son unos niños muy felices, porque se han encontrado en un momento maravilloso en la vida de sus padres y comparten ése estado tan especial con ellos.

      Hace ya bastantes años tuve un hijito parecido a Mimo. Me quería con locura; yo le adoraba. Era prácticamente, mi único hilito conductor hacia la felicidad, durante unos años en que mi vida carecía de alegrías. Sólo él era capaz de dármelas. Cada vez que llegaba de trabajar, que era lo único que hacía en mi vida por entonces, me recibía con una alegría contagiosa tan grande, que yo no veía el momento de llegar a casa. Desde que me lo quitaron no ha dejado nunca de permanecer en mi corazón.

                                                     Con mi desaparecido Momo.

      Dicen que los hijos aunque desaparezcan nunca se olvidan y ninguno suple el lugar del hijo perdido. Yo lo corroboro. Para mí siempre será mi niño querido.

      A veces, contemplando a Mimo pienso en su encantadora inocencia, fruto de la benigna ignorancia de la dureza exterior y, me pregunto si mi querido Momo será feliz y procuro engañarme pensando que sí, aunque ya no juegue en el jardín de su casa con los gatitos, ni se chulee delante de mi mastina Berta y de mis dos galgas, Tyche y Chiqui. Seguramente estará en una ciudad, lo que él más odiaba, en caso de que no me lo hayan dejado morir. Me pregunto entonces si estará sano, como cuando era plenamente feliz conmigo en su casa, en el campo, con sus paseos y mis constantes atenciones y mimos. Y me intento engañar, pensando que los perritos se adaptan, para sobrevivir, a casi cualquier tipo de situaciones. Pero eso, a sobrevivir, no a ser el perrito más feliz del Mundo, como antes.

      Pero, por suerte o por desgracia, aunque Momo sigue en mi corazón y seguirá siempre, mi presente  lo comparto  feliz con Mimo, que llena una parte muy importante de mi ilusión. No es porque sea un perrito muy pequeñito, ni muy mono, sino porque él sólo se lo ha ido ganando, lo que siento por ésta criaturita, casi de juguete, es inexplicable.

                                           Mimo de juguete.

      Hoy quería hablar sobre Mimo, porque para mí es, se entienda o no, algo muy importante. Al fín y al cabo es un miembro muy importante de mi familia.


                                            Mimo tocando a cuatro manos con papá.

      Se me había olvidado que a Mimo le encantan las sonatas de Mozart y las Suites de Bach. Además reconoce las diferentes notas del piano y toca con una extrema suavidad. ¿Qué necios "científicos" decían que los animales no tienen inteligencia? A lo mejor lo que pasa es que Mimo no es tan animal como ésos.

                                           Mimo de excursión, con sus papás.

      Apreciada persona, tú que me estás leyendo ahora mismo: Si después de haber seguido mi relato sobre uno de mis grandes amores, has decidido seguirme aún, es porque no eres como las demás personas. ¡Enhorabuena, primero por ser diferente y después por haber conseguido llegar hasta aquí!

      No podía continuar mi blog sin citar al segundo ser que me produce una inmensa alegría diaria, después de mi Musa. Juntos los tres, recorremos parte del camino, de un camino extenso, sembrado de variopintos paisajes. ¡Hasta pronto!
     
     
                                            

     

miércoles, 27 de febrero de 2013

LUCES TAMIZADAS

…Tras el ventanal, la aurora,
 caleidoscopio de sombras infinitas,
 ebrios contornos de luz sin figura,
 virginal silencio de la opaca bruma.
 Y aquél lejano paisaje, tan distante hoy
 vencido en el recuerdo y escondido.
 ¿Dónde duermen los callados
 pensamientos del ayer?
 ¿Dónde callan los lejanos sueños?
 Aguardo en mi silencio, imaginando…
 … Del ayer nada me llevo.
 Tras el ventanal, la aurora
 y entre la bruma, el recuerdo.
 Tierra bajo pié
 de barro soñado,
 sueño imaginado es mi presente.
 Y por llegar…
 ¡Basta corazón!

 Que imaginar es locura...